Aprende a preparar salsa macha: para acompañar tus platos o agregar a tus preparaciones

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La salsa macha es un ingrediente espectacular y versátil para untarle a las comidas porque su sabor es delicioso y picante. Como su nombre lo indica “macha” es del verbo machacar porque su preparación original es machacar todo en un molcajete. Esta salsa fue creada principalmente en México donde existen dos versiones diferentes a la hora de hacer: la primera usando chile chipotle seco más cacahuates, piñones o almendras que le dan una textura distinta y la segunda donde utilizan chiles de árbol seco la cual te voy a enseñar a hacer hoy. Es tan famosa que se vende en frascos de vidrios en bastantes lugares pero si quieres prepararla con tus propias manos y saber cómo aquí te muestro el paso a paso para que la puedas combinar con lo que quieras.

Para preparar una salsa perfecta debes saber qué tan picante la deseas y si te gusta más los sabores salados o dulces, pues aunque no lo creas la variedad de chiles a utilizar tienen un sabor que marca la diferencia. Si vas más con los sabores ahumados y dulces combina con pasilla o mulato junto con arándanos, frutos rojos secos o azúcar morena, pero si eres más de lo salado es mejor picar un seco o guajillo y añadirle ajonjolí que va de maravilla y como consecuencia si te hace daño el picante o eres malo para este, debes quitarle las semillas y venas para que no te enchiles.

Ingredientes:

  • 50g de chile de árbol seco, chile morita o chile piquín sin el tallo.
  • 10 dientes de ajo grandes para darle sabor a la salsa.
  • 1/2 cebolla cabezona.
  • 2 tazas de aceite de oliva virgen o extra virgen.
  • 1 taza de sal de grano o marina.

Preparación:

  1. Corta todos los ajos en rodajas para que suelte más el sabor.
  2. En una sartén antiadherente calienta la taza de aceite de oliva con la llama media y fríe los ajos hasta que queden de color doraditos sin que se pase a un tono negro porque la receta tomará un sabor a amargo. Si prefieres puedes sumarle la 1/2 cebolla cabezona picada en trocitos.
  3. Después quita los ajos de la estufa y pásalos a un recipiente con todo y aceite para que se enfríen.
  4. Nuevamente pon a calentar otra taza de aceite de oliva y frita los chiles a temperatura media hasta que quede tostados, inflados y empiecen a oler a picor máximo 2 minutos para que no se quemen. Recuerda mantenerlos en constate movimiento para que se cocinen de forma uniforme igual que los ajos.
  5. Llévalos a el mismo bol en que pusiste los ajos para que se enfríen por unos minutos.
  6. En el vaso de la licuadora ponle un chorro de base de aceite de oliva extra virgen crudo y frío.
  7. Ve añadiéndole los chiles y ajos con el aceite porque es el que contiene todo el sabor de los dos ingredientes y colócale sal al gusto. Licúalo hasta que todo quede fino o en trocitos dependiendo de tu gusto.
  8. Vierte la mezcla en un recipiente de vidrio previamente esterilizado que se pueda tapar bien para poder refrigerarla o almacenarla en la alacena para que se conserve más. Mantenla en un lugar donde no le de el sol
  9. Y listo esta salsa te va a durar muchísimo tiempo si la conservas muy bien y no se contamina de otros productos porque todo está cocinado, cubierto en aceite y son conservantes naturales. Seguramente con el paso del tiempo la salsa se va a separar, es decir, el aceite se va a subir y el ajo con el chile se van a sentar por lo que, lo debes revolver con una cuchara de palo.

La importancia de cocinar cada ingrediente es porque así se impregnan más los sabores en el aceite y que todo se fusione a temperatura ambiente, con el tiempo te va a saber aún más rico. Se la puedes untar a demasiados platillos que sientas insípidos que le faltan profundizar esa sazón lo cual te va a sacar del apuro en cualquier ocasión como a los huevos, sándwiches, sopa, tostadas, nachos, carne de res, carne de cerdo, pollo, mariscos, quesadillas, tacos, resaltar el guiso que no tuvo mucho picante, etc., la cuestión es que la acompañes con lo que quieras y te guste.

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